Los árboles y las plantas asociadas a ellos, crean ecosistemas locales que proveen hábitat y alimento para una extensa variedad de aves, insectos y pequeños animales, Esta diversidad de especies, tanto de flora como de fauna, es necesaria para el buen funcionamiento de la cadena alimenticia y del ecosistema del cual forman parte, contribuyendo así a la conservación de la biodiversidad del planeta.
Los árboles ayudan a estabilizar los caudales de los ríos, reducir los niveles de sedimentación de los embalses y evitar deslizamientos y avalanchas, ya que favorecen la infiltración del agua de lluvia, evitando la perdida del suelo en forma directa hacia los ríos.
El agua que se infiltra de esta manera se suelta más lenta y continuamente, y por eso tiende a haber menos diferencia entre los caudales altos del invierno y los bajos del verano. Asimismo, los árboles mejoran la retención de la humedad del suelo mediante una mejor estructura del suelo, y potencian una mejor calidad del agua.
A través de la fotosíntesis que realizan las hojas, el árbol atrapa el dióxido de carbono (CO2) de la atmósfera y lo convierte en oxígeno puro. Así, fijan el carbono en la madera de su tronco, ramas y raíces. Si se queman los árboles, se volvería a liberar a la atmósfera el CO2; pero al conservarlos, se convierten en reservorios de carbono.
Las hojas también absorben otros contaminantes del aire como el monóxido de carbono y dióxido de sulfuro, y liberan oxígeno. Además de este equilibrio gaseoso, los árboles tienen la habilidad de absorber e incorporar en sus tejidos substancias venenosas que flotan en el aire, ayudando de esta forma a purificar el aire.
Cuando los árboles están próximos entre ellos, constituyen corredores biológicos que permiten la conectividad entre áreas boscosas. Estos corredores son vías de reproducción para los animales, ampliando su hábitat y favoreciendo la presencia de un mayor número de individuos o de especies.
Cuando hay árboles cubriendo el suelo, la lluvia gotea gradualmente desde las ramas y cae suavemente, en lugar de golpear directamente el suelo. Esto significa que cuando llueve, el árbol amortigua el impacto de la lluvia y abate la erosión, protegiendo el suelo superficial.
La presencia de árboles favorece la formación de una capa de material orgánico sobre el suelo, como hojas y madera de ramas en descomposición, que absorben el agua y evitan que ésta corra y arrastre el suelo.
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